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o 1 BUZÓN AGENDA PARA LEER ANDANDO HUELLAS AJENAS LITERATURAENBREVE

martes, 5 de febrero de 2008

Maaaaau

No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando.
—Pero te queda tan bien ese canario nocturno en el hombro...
—¿Vendrás conmigo a sembrar piñones?
—Sólo si me prometes que maullarás bajito.
—¿De veras te gusta mi canario?
—Tanto como cuando matamos la cebra que trajiste a casa. ¿Recuerdas?
—El imbécil estaba mirando
—Olvida al imbécil.
—Me miraba…
—¿Maullarás bajito?
—Sí ¿Cuánto me quieres?
—Te quiero cuando maúllas bajito.
—Aún así tendremos que sembrar los piñones.
—Lo sé. El imbécil nos mirará.
—¿Mau? Mau, mauuu...

4 pisaron la hierba:

Hugo Izarra dijo...

¿Qué importa que nos miren los imbéciles?

Arilena dijo...

¡Claro que no importa! :p
Bienvenido por estos lares Hugo. A ver cuando me paso por tus ruinas y... dejo algún comentario.

Wilco dijo...

Uno de los aspectos que más me gustan de ese personaje es que puede ser desde una figura autoritaria hasta el propio ego pasando por el acto mismo de mirar (leer, cine, tele, observatorios, psicología social, por decir lo primero que se me ocurre) equivalente a escuchar y demás.

El mismo imbécil es mirado fijamente : D

Me parece un cuento muy lleno: el imbécil, turilepa.

Claro que no importa si mira. Ahora, ¿somos verdaderamente indiferentes a su mirada sólo con decirlo? Vaya, la libertad absoluta, cosa más fácil ;)

Arilena dijo...

Hay tantos imbéciles por ahí, que nos miran (también hay vacas a veces), que observan y que no dejan hacer nada. Y esa es la pregunta, Wilco, ¿podríamos ser indiferentes a su mirada?
Seguramente no, pero habrá que empezar con decirlo.

Todo sea por las cosas fáciles ;)