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o 1 BUZÓN AGENDA PARA LEER ANDANDO HUELLAS AJENAS LITERATURAENBREVE

jueves, 21 de agosto de 2008

Algo de comer

Se ha escondido en mi garaje, entre las bicicletas y los tubos para montar el toldillo del jardín. Apenas habla y a veces le escucho salir a escondidas por las noches. Yo le suelo preparar algo de comer y se lo dejo junto a la puerta, por si tiene hambre y quiere salir. Sé que es inútil, pero aún así lo sigo intentando.
Me lo ha contado ―sí, me ha contado por qué se oculta― y me ha dicho que tiene miedo. De momento sólo roba piezas pequeñas, como los tubos de escape y las juntas de los motores. Y llega con la cara negra, tendré que recordar bajarle una toalla la próxima vez.
―Sólo cosas pequeñas ―me dijo con la boca llena cuando le encontré con un limpiaparabrisas en la mano, todavía a medio masticar.
Sólo cosas pequeñas, eso me asSólo cosas pequeñas, eso me asegura. Me pregunto si sabe que después ya no podrá calmar su hambre sólo con los limpiaparabrisas o los retrovisores y necesitará el coche entero. Y luego quizás empiece con los autobuses y los camiones. Lo que no sé es qué irá después, hace días que trato de no salir de casa.egura. Yo sé que no, que luego necesitará el coche entero. Y empezará con los autobuses y los camiones.
Cuando hoy he bajado a hacerle compañía me ha ofrecido un delicioso pedazo de neumático. He tratado de recordar porqué no salgo de casa desde hace dos semanas.
Trato de concentrarme en esa razón mientras cojo la tuerca que me ofrece y me la llevo a la boca.
—Tendré que volver a dejar la luz del porche encendida ―me digo, mientras cojo la segunda tuerca y mastico despacio.

jueves, 7 de agosto de 2008

The white cliffs

―¿Quién pinta los acantilados de blanco? —le preguntas a ese niño sentado en la arena, debajo del arco.
Él te mira. Comprende.
—Sólo te puedo decir que lo hacen por la noche —dice, y vuelve la cara hacia el mar, otra vez.

miércoles, 30 de julio de 2008

Frambuesas

Mamá siempre se lleva el enorme cuchillo que utiliza para trocear la carne cuando sale a pasear a los perros. Lo esconde en el bolso y luego ata a los perros en las correas. También coje la cesta. En cuanto llega a los árboles suelta a los perros y nos saluda con la mano.
Al volver nos trae frambuesas. Nosotros las devoramos con gusto. Son jugosas y rojas, muy rojas. Puede que por eso se lleve el cuchillo, para traernos la cesta llena de frambuesas. Aún así nunca hemos sabido por qué uno de los perros vuelve siempre cojeando y al llegar a casa se tumba en una esquina, lo más lejos posible de mamá, para lamerse una herida profunda en el cuello.

lunes, 28 de julio de 2008

The Dark Knight

The Joker:
"You won't kill me out of some misplaced sense of self-righteousness...and I won't kill you because...you're just too much fun."

The Joker:
"See, I'm a man of simple tastes. I like gunpowder...and dynamite...and gasoline! Do you know what all of these things have in common? They're cheap!"

Harvey Dent:
"The famous Bruce Wayne. Rachel's told me everything about you."
Bruce Wayne:
"I certainly hope not. "

Alfred:
"I suppose they'll take me in as well, as your accomplice. "
Bruce Wayne:
"Accomplice? I'm going to say the whole thing was your idea."

Alfred:
"Were you mauled by a tiger?"
Bruce Wayne:
"It was a dog... "
Alfred:
"Huh?"
Bruce Wayne:
"It was a big dog!"

The Joker: [to Batman]
"We really should stop fighting, we'll miss the fireworks!"




THE DARK KNIGHT (2008)
Dir. Cristhopher Nolan

martes, 15 de julio de 2008

Fallo del XX Jóvenes Creadores 2008 del Ayuntamiento de Madrid


Pulsen. Pulsen aquí...

lunes, 7 de julio de 2008

Guías imprescindibles

El libro había quedado sobre los papeles del envoltorio, en la mesa de la cocina. Ella le había dado el paquete y luego se había escabullido sigilosamente hacia la puerta. Había susurrado un leve adios.
Por eso ahora él miraba fijamente el libro, los papeles y las copas vacías sobre la mesa. Y después de un rato seguía sin entender.
—Guía canina para la supervivencia ―se leía en letras grandes y blancas sobre la portada—. Volumen 1: Vida en la ciudad de los gatos.

lunes, 30 de junio de 2008

El gato de la maleta (VI)

La tercera vez —la última— no debimos haber abierto la maleta. No había pasado demasiado tiempo. Víctor volvía por un fin de semana y se traía una compañera de clase. No perdió tiempo en presentárnosla.
―Maika ―dijo y nos señaló―, estos son Pedro y Valentín.
Yo me sonrojé un poco al darle dos besos. Ahora reconozco que quizás no debí contarle la historia de la maleta porque ―de eso estaba seguro― nunca debimos abrirla aquella vez.
Preparamos una merienda en el campo. También era un día caluroso, de lagartijas en las piedras, y mientras Maika recogía un par de piedras lo suficientemente gordas como para sujertar el mantel, nosotros nos miramos. Esperamos unos segundos.
―¿Y la maleta? ―dijo Víctor.

sábado, 21 de junio de 2008

El gato de la maleta (V)

[...] Entonces —debía ser tarde, ya no quedaban pájaros—, vimos como el gato sacaba una pata por entre las tapas y tocaba, rozaba apenas, la tierra de debajo. Nos debimos de quedar mudos. Escuchamos como erizaba el pelo y sacaba las uñas y como luego volvía al interior de su maleta —porque era su maleta— sin más aspavientos, sin que el mundo hubiera cambiado en absoluto. Aún así nos apresuramos a encerrarlo allí dentro, de golpe.
—Nunca más —nos dijimos.
Luego Víctor cargó su equipaje en el coche y Pedro volvió a casa. Yo todavía me quedé un rato más, pensando en el abuelo. [...]

martes, 17 de junio de 2008

El gato de la maleta (IV)

[...] ―Quiero verlo.
Dijo eso. No dijo me gustaría verlo o quizás podríamos abrirla y mirar dentro. Quería volver a verlo así que apoyamos la maleta en el suelo, deslizamos los cierres metálicos hacia arriba que se abrieron con un clic suave y asomamos los ojos en aquel pequeño lugar oscuro desde donde ―sabíamos, ya lo sabíamos― el gato no había dejado de mirarnos desde el principio. La dejamos entreabierta y nos sentamos en torno a ella toda la tarde. Bromeamos sobre la novia de Pedro, quedamos en reparar la cabaña del árbol, nos acordamos del abuelo, de la tarde caliente cuando murió y luego nos quedamos en silencio mirando la maleta. Habíamos puesto un palo entre las tapas para que no se cerrara del todo. Y mirábamos —realmente nunca supimos cuanto tiempo habíamos pasado mirando aquella maleta vieja, tumbada en la hierba— tratando de escuchar como el gato maullaba desde dentro. [...]

lunes, 16 de junio de 2008

Un año


Pues eso, este jardín cumple un añito. Nunca hubiera pensando que podría mantenerlo tanto tiempo, yo que soy de naturaleza vaga. Pero me alegro. Me alegra saberos al otro lado (o escondidos entre la hierba). Me alegra tener la oportunidad de haberos conocido en vuestros blogs y a algunos en persona.
Blogger dice además que esta es la entrada 107. Y el contador verde dice que en un año más de 12.000 personas se han pasado por aquí.
Por ello, gracias.

domingo, 8 de junio de 2008

Accidentes caseros (5)

—Pon el plato de postre en su sitio —le dijo su madre—, si quieres tarta otro día.
Pero cuando se acercó al lavavajillas ―el hermano mayor lo había dejado abierto, enseñando las fauces― cayó dentro y la puerta se cerró detrás de él.
Se tapó la nariz y aguantó la respiración todo lo que pudo. Al salir la ropa le había encogido y tenía los calcetines del color de la camiseta. Aún así buscó a su madre.
—No quiero nunca más tarta de chocolate —le dijo―. El próximo día cómprala de fresa.
Luego subió corriendo a su habitación, orgulloso, imaginando que había sido un león quien le había mordido en el brazo.

sábado, 7 de junio de 2008

El gato de la maleta (III)

[...]—Asomaros, venga, que no muerde —nos decía el abuelo.
Abrió la maleta despacio, como cuando se abre un tesoro al que la luz puede hacer daño, y nosotros nos inclinamos sobre el borde, de puntillas, apoyando las manos en la cama, con aquella sensación de tener un nudo recién apretado en algún lugar del pecho. Fue cuando vimos a ese gato pequeño, encogido en una esquina.
Y cuando volvimos a abrir la maleta, el día en que Víctor se marchó a estudiar fuera, el gato seguía exactamente en el mismo lugar. Estaba allí agazapado, pequeño —pero no era un cachorro, eso siempre lo supimos—, maullando bajito para no alertar al mundo más allá de la maleta. Tenía los ojos muy grandes, muy negros, y una mancha pelirroja sobre el lomo blanco.
—¿Quién se lo queda? —preguntó Víctor mirándome a mí.
Pero ya lo sabíamos todos, como si fuera algo pactado de antemano tenía que ser yo quien se quedara con la maleta. Al menos hasta que volvieran, hasta que nos viéramos todos otra vez. Entonces Víctor, acercándose más a nosotros, bajo la voz y dijo aquello.[...]

miércoles, 4 de junio de 2008

El gato de la maleta (II)

[...]—Pero abuelo... —parecía que estábamos a punto de decir, y no llegábamos a atrevernos.
—¡La maleta! —nos volvió a gritar.
Pedro y yo cogimos cada uno por un lado y la dejamos encima de la cama, al lado del abuelo.
—¿Sabéis lo que hay dentro? —nos preguntó inclinándose hacia delante, bajando la voz hasta hacerla casi un susurro.
Luego sonrió al ver que movíamos la cabeza asustadsuos porque lo único que sabíamos de aquella maleta era lo que la abuela gritaba cuando el abuelo llegaba de algún viaje.
—Esa maleta vieja —decía— parece que lleves muertos en ella.
Pero no, no había ningún muerto. Aquel día caliente y amarillo —veinte minutos antes de que el abuelo muriera— fue la primera vez que vimos al gato de la maleta. Luego, sólo lo veríamos dos veces más en toda nuestra vida.[...]